10 abril 2007

Chame

Gabriel Chamé Buendía (hemos escuchado que le dicen "Chame", con acento en la "a") resplandece en el cielo estrellado de los clowns argentinos. Vive ahora en la culta Europa, actuando, dirigiendo y enseñando. Pero a veces pasa por la orillera Buenos Aires y alborota la escena: los sedientos de comicidad, los buscadores de técnica, los iniciados en las artes de la risa, todos rompen sus chanchitos y corren a llenar sus seminarios. Su fama es apabullante: el Clú del Claun, el Cirque du Soleil, la dirección de obras -como diría mi tía Luján- dificilísimas. Pero más abruma su presencia. Algunos no vacilan en utilizar, para describirlo, la palabra "mago". El otro día me decía una admiradora (de Chamé, no mía): "lo ves ahí, enrulado, cara simpática, estatura cualquiera, y pensás que el tipo no debe ser gran cosa, y de pronto, pum, empieza a actuar y quedás como embobada. Es un monstruo el tipo". Y resulta ahora que ese monstruo estuvo dialogando con otro monstruo (me guardo las razones del epíteto en su caso), el magnífico Mr. Efe, punzante periodista y sofisticado cazador de imágenes. Aquí, señores y señoras, damas y caballeros, niños y niñas, clowns unidos del mundo, con ustedes, en exclusiva para Bondiola, la primera entrega de esa jugosa entrevista.


Presentate

- Mi nombre es Gabriel Chamé Buendía. Me declaro un poco actor, clown, payaso, director y productor de espectáculos teatrales. Nací el 21 de abril del 61, tengo 44 años.


¿Estudios?
- Mis estudios fueron teatrales. No tengo estudios universitarios.
¿Familia?
- Madre, hermana, abuela y sobrinos. Mi madre es psicóloga, mi hermana es antropóloga y fotógrafa. Mi padre murió; escribía y era comerciante. Siempre estuve empapado del ambiente artístico de la familia.
¿Donde vivís?
- Mi oficina esta en Madrid. Sigo viviendo entre Francia y España. Antes vivía en Francia y trabajaba en España, ahora al revés. Me muevo mucho entre Francia, Alemania y Argentina.
Tus inicios en el teatro...
- Comencé con la escuela y muy rápidamente con la compañía de Ángel Elizondo. Se llamaba Compañía Argentina de Mimo. Maestros directos en el comienzo fueron Omar Viola, el director del Parakultural, que hacía mimo: fue la persona que más me involucró en esta profesión, el que me dio una posibilidad. Y Elizondo, sobre todo como director. Mi maestro pedagógico fue más Omar. Además, soy íntimo amigo de Omar Chabán, que para mí fue uno de los grandes maestros en el aspecto performativo. Los conozco a los dos desde los 15 años. Él me llamaba "el bebe de la vanguardia" en esa época. En los 70, en la calle Corrientes.
-----Yo empecé en el 78. En el 83 dejé Elizondo. Fueron años de espectáculos bastante vanguardistas, pero que en mi caso muy rápidamente apareció el humor. La compañía era muy vanguardista, de búsqueda: había muchos desnudos, nos prohibían todo el tiempo. No tuvimos problemas políticos pero sí mucha persecución y los espectáculos eran cortos por eso. Descubrieron mi veta cómica y en el año 81 hicimos un espectáculo que se llamaba Pi igual 3.14, en el Payró. Fue un gran éxito. Ahí supe profundamente que era cómico. Mi compañera era Verónica Llinás, digamos, todo el Parakultural. El Parakultural fue una consecuencia de Elizondo, gran padre. Estaban Horacio Gabin, Eduardo Bertoglio, que fue clown en el Circo de la Costa, Rubén Panuzio. Esta gente trabajó más con [Hernán] Gené, en La Cuadrilla. La Cuadrilla fue un grupo que formó Hernán después del Clú.
-----También estaban María José Gabin, que era de las Gambas [al Ajillo], y Alejandra Flechner, del mismo grupo. Todos éramos muy pero muy chicos.
-----Pi igual 3.14 me permitió ver con claridad que yo producía un efecto cómico en escena. Hacía un mimo muy sonoro, muy hablado, por así decir: no hablaba pero trabajaba mucho con el sonido.
-----En febrero del 84 estaba en Villa Gesell con dificultades personales y me dije: tengo ganas de actuar en la calle. Nadie lo había hecho y nadie lo hacía. Había tres o cuatro grupos en esa época. Nadie, por ejemplo, había actuado en Plaza Francia. Entonces actué como mimo: a las diez de las noche actuaba con una onda muy familiar en la plaza de los hippies, en la parte del cesped, y pensé que era un buen lugar para que la gente no se me pegara y hubiera un buen espacio de visión, y a las doce actuaba en la plaza donde esta el monumento a la madre, más en el centro, y ya era un estilo trasnoche. Empeze a trabajar intuitivamente. Comencé a hablar. Tenía siete años de profesion, mucha experiencia para mis 23 años de edad. Fue muy interesante lo que pasó socialmente: me di cuenta de lo que eso provocaba... Salíamos de los militares y era el primer mes de Alfonsín en el gobierno.
Había un clima de liberación...
- En enero, en febrero del 84 la gente ya experimentaba algo del cambio en la playa, en las vacaciones. Era muy raro, venía la policía de civil, me venían a hablar, me tenían controlado.
Te tenían fichado.
- Sí, yo me daba cuenta que tenía un poder muy grande por lo que estaba provocando socialmente. Porque ahora ya es típico, pero en ese momento yo hacía participar al público en masa. Veinte personas actuando en escena, expresándose: era un hecho social muy fuerte para la gente.
¿ Cómo llegaste a Cristina Moreira?
- Creo que fue por Carlos Bichis, de Pista 4, un grupo de la misma época. Me comentó de los cursos de Cristina Moreira y fui. En ese primer curso conocí a todos mis futuros compañeros, menos a Hernán, a quien conocí en el segundo curso. Pero allí ya estaban Guillermo, Batato y Cristina [miembros del Clú del Claun] y enseguida empezamos el romance. El clown fue algo muy grato para mí.
¿Sabías qué era el clown antes de llegar a Moreira?
- No había clowns, había mimos. Y no conocía Europa, donde, evidentemente, había clowns. Pero aquí no había. Sí payasos de circo tradicional, los cuales, por supuesto, estaban muy mal vistos.
Volvamos a Moreira.
- Descubrí que la técnica de clown me iba al pelete. Yo había hecho todo eso sin que nadie me dijera cómo era. Y con Cristina hicimos muy buena miga. En los comienzos, hicimos un espectáculo que se llamaba Rojo, Blanco y Negro con Batato, Carlos Baamonde, [Guillermo] Angelelli, Laura Galillo. Y de ahí salió el “Clú del claun”.

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03 abril 2007

Por Montus Propius

"Choquen los 5"
presenta
"Por montus propius"
Claun
Sábados 21 hs
Espacio teatral Entretelones
Enrique Martinez 1427
(Y Av. Elcano)
ENTRADA $10
(Presentado mail impreso $8)
Reservas al 4554-0087

22 agosto 2006

Breve tratado sobre lo ridículo

Lo que sigue es un pequeño ensayo de Leopoldo Marechal. Está en las páginas 165 a 169 de Cuaderno de navegación (buenos Aires, Sudamericana, 1974). Su propósito es extender la Poética de Aristóteles, en particular el concepto de catarsis (artículo en pdf), al campo de la risa. "Elbiamor", "Elbiamante", nombres de la segunda persona a que se dirige este y otros ensayos del libro, son máscara poética de la segunda mujer de Marechal, Elbia Rosbaco (Anda por allí un libro de esta señora: Mi vida con Leopoldo Marechal, Buenos Aires : Paidós, 1973) .
-----¿Recuerdas, Elbiamor, a Francisco Charmiello? Eran los años en que, durante las noches, nos atacaban nuestros enemigos visibles e invisibles y en que toda suerte de arma ofensiva y defensiva era indispensable. Una entre tantas (y no por humilde menos útil) consistía en sintonizar una estación de radio que propalaba funciones teatrales desde las mismas escenas de la Capital. Francisco Charmiello representaba entonces, en un teatrito popular de barrio, aquel sainete del cual era protagonista y autor en cierto modo, ya que, sobre los dos o tres hilos ingenuos de su trama, él hacía una creación nueva en cada una de las representaciones, bordando el sainete a su capricho y con las hebras de su propia substancia.
-----Elbiamor, en alguna de aquellas noches, recordándote el origen circense del teatro nacional, te decía yo que, si nuestro género dramático nació de los Juan Moreira que se representaba en el circo, nuestro género cómico se había originado en la gracia universal de sus clowns, y que los sainetes posteriores no fueron mas que simples andamiajes argumentales erigidos para que un clown, a menudo genial, manifestara en ellos, con libertad absoluta, toda la efusión de su virtud expresiva. También te dije alguna vez
que tales bufos o clowns, en su facultad improvisadora, se relacionaban con los actores de la Commedia dell' arte. ¿Y no advertimos entonces que la mayoría de nuestros bufos tienen un origen itálico? Lo cierto es, Elbiamor, que la sal de Charmiello crepitaba en nuestro receptor y con ella la risa de sus espectadores, hombres y mujeres de pueblo, a la que frecuentemente uníamos la nuestra. Y la primera noción que se nos impuso fue la del "poder, unitivo de la risa en lo cómico".
-----Pero, ¿no tendría lo cómico algunas otras excelencias? Acudimos entonces al viejo Aristóteles y rastreamos en su Poética las conjeturas que siguen. Si la tragedia se da en la imitación de un "acto grave", la comedia se da en la imitación de un "acto risible". Ahora bien, la tragedia, mediante la compasión y el terror, obra en sus espectadores una suerte de "purga pasional" que se llama catarsis. ¿Nos atreveríamos a esperar de la comedia similares efectos? ¿Era dado lograr una catarsis por la risa? Tal fue la cuestión que debatimos en cierta noche toledana. Y lo primero que nos tocó analizar fueron las nociones de "compasión", "terror" y "catarsis", que Aristóteles gradúa como efectos de la tragedia. Ciertamente un espectador "ilusionado" (vale decir metido a fondo en la ilusión de lo que se imita o representa en el escenario) no deja de compadecer a los agonistas del drama; y ha de compadecerlos en el sentido literal de "padecer con" que tiene dicha palabra. Y al padecer con el agonista, el espectador está realizando en sí mismo y de algún modo las experiencias trágicas del actor. Con lo cual, al aclarársele ahora la conciencia de su "posibilidad trágica", el espectador siente a la vez el "riesgo" de que su drama posible abandone la mera "potencialidad" y se resuelva en "acto". Y esa conciencia de su posibilidad y riesgo trágicos es la que lo lleva entonces al "terror". La "catarsis" aparecería luego como un fruto de su experiencia trágica: el significado moral de una "purga" que se le da generalmente nos haría entender que nuestro espectador, mediante dicha experiencia, "se ha curado en salud" del riesgo de las pasiones.
-----Elbiamor, sin desmerecer ese concepto, me gusta más el significado metafísico de la catarsis que descubrí yo cierta vez y me parece más a tono con la línea de Aristóteles: si el espectador ilusionado "realiza efectivamente", por la compasión, algunas experiencias trágicas que se le dan como posibles en su naturaleza de hombre, no hay duda que las ha vivido "realmente", de algún modo, y que ha de sentirse inclinado a "no repetirlas". El hombre, como sabes, está en este mundo para realizar un número indefinido de posibilidades terrestres; y su intuición de la economía ontológica lo induce a no reincidir en las experiencias que ha realizado ya, sobre todo si son de carácter negativo, como las trágicas. La catarsis, pues, no sería más que la beatitud o reposo del alma, tras haber cumplido, siquiera virtualmente, una experiencia dolorosa cuya posibilidad queda excluida en adelante.
-----Aclaradas estas nociones, nos preguntamos luego si era dable una transposición de las mismas a la comedia, pregunta que habría hecho reír (o llorar) al propio Aristóteles de haberla escuchado. Y era fatal que nos dijéramos: ¿de dónde proviene "lo cómico"? El mismo Estagirita, en el capítulo quinto de su Poética, nos dice que "lo ridículo tiene por causa una privación y una fealdad no acompañadas de sufrimiento y no perniciosas". ¿Una privación de qué? De la verdad (y damos en la mentira), de la belleza (y damos en lo feo), del bien (y damos en el mal). Por extensión lo cómico se daría en las contingencias y limitaciones de toda criatura. Y entendiendo que sólo el Creador está libre de privaciones o defectos, llegué a sostener aquella noche, con admirable frescura, lo que recogí luego en mi Poema de Robot: "Todo lo que se instala fuera del Gran Principio / ya es cómico en alguna medida razonable."
-----A continuación, Elbiamante, volvimos a la comedia y a los efectos que produciría en el espectador. Sin duda -reflexionamos- tal espectador compadece o "padece -con" los actores la misma experiencia ridícula, ya que reconoce sus propios defectos y contingencias en los que, bajo formas risibles, desnudan los comediantes en el escenario. Y esa experiencia de su propio ridículo (actual o posible) suscita en él, no ya el "terror", como en la tragedia, sino la "risa". Por eso Aristóteles define como "no acompañadas de sufrimiento y no perniciosas" la privación y la fealdad que se traducen en lo cómico. Y, sin embargo, también se da luego en la comedia una catarsis: una "catarsis por la risa"; y se da en la "conformidad riente" con que acepta el espectador aquella toma de conciencia de sus propios defectos y limitaciones. Ahora bien, esa toma de conciencia no sería dable al hombre, si no tuviera él en sí mismo y de algún modo la noción de Alguien, sin límites ni defectos con quien comparar la magnitud y naturaleza de sus privaciones humanas. Y ves aquí, Elbiamor, de qué manera una carcajada puede ser el arranque de una metafísica.
-----Cierta noche, la misma radio nos anunció que Francisco Charmiello acababa de morir. Elbiamor, tú rezaste un requiem por su alma inmortal. Por mi parte, yo deposito ahora sobre su tumba este manojo de reflexiones acerca de la risa y lo risible: las dejo sobre la tierra en que hoy reposa y en la cual se disuelven ya los Contornos de las cien máscaras rientes que asumió él en su tiempo de hombre.

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20 julio 2006

Totó recargado

Nos ha llegado correspondencia de Totó, Guillermo Castiñeiras, que está de gira por USA con el Cirque du Soleil y domiciliado en Canadá. Además de decirnos que se encuentra bien, que se alegra por ver publicada la vieja entrevista, donde hay alguna que otra erratita -¡ups!-, nos informa de su flamante sitio web: http://www.totocastineiras.com/. Podrán actualizar allí la información sobre este clown. Pasen y vean.

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16 julio 2006

¿Dónde están los payasos de González?

-----En un viejo cuaderno de apuntes, del año 1996, reencontré un dato que viene a cuento en este blog. Figura en el número 7 de la revista Caras y Caretas, de diciembre de 1898, bajo el título "Los que hacen reír". Se trata de una carta que el -como se dice- prohombre argentino Joaquín V. González escribió a la flamante revista felicitando a sus ideólogos por el emprendimiento. "Me ha conquistado", dice allí, "por lo más débil de mi ser, la extraordinaria afición al género festivo, cultivado por otros, y a la caricatura, en la cual reconozco la más difícil y deliciosa de las artes. " [...] "Ése es el género más noble, más alto, más profundo, más digno del genio y evocador del mismo".
-----Estas opiniones de quien, según una creencia generalizada, debía ver, para esa época, lo más alto, noble y digno, lo más delicioso y difícil, en el arte serio y no en la caricatura y el humor, son ya de por sí reveladoras. Pero hay algo más notable, y es esto: la "manía de coleccionista" de González, según revela en la carta, lo habría llevado a "formar una colección de dibujos, láminas, estampas y... lo que sea, con figuras de payasos de todos los estilos y nacionalidades".
-----Es decir: hubo en algún momento y quizás esté en algún lugar hoy, una colección de imágenes de payasos realizada por Joaquín V. González. Encontrarla sería más conmocionante que la revelación del grial o el eslabón perdido.

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De los archivos

Un programa del 2002, sacado de los archivos. En la parte de atrás, al fondo a la derecha no está el baño sino el famoso aunque efímero payaso Corbatita.Programa de una muestra de Clown. 2002.
Reverso del Programa

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02 julio 2006

Angelelli - 4

Cambiando un poco el eje: vos das clases y parecería que ése es tu punto de enganche con el clown hoy. ¿Por qué das clases?

- En realidad no es el punto central. Me acuerdo de algo que decía Lila [Monti] ayer sobre el trabajo de las distintas energías en el entrenamiento. Yo empecé a entender el clown como una calidad de energía más. Cada una de estas energías que nosotros trabajamos en el entrenamiento tiene un punto de partida diferente. Tiene los mismos principios, pero se organizan de manera distina para cada una de las energías. Con el clown, eso entra de la misma forma. Como decía Lila ayer, una cosa es saludar de perfil y otra de frente, hay algo que tiene que ver con las direcciones, algo que tiene que ver con las intensidades, con el tamaño, etc. Hay principios que regulan la acción dramática trabajes dentro del género en que trabajes. Y, para mí, lo que aportó el trabajo con Iben fue ayudar a entender el clown como una energía más.
-----Ahora, cuando yo hago un espectáculo – si yo entreno con La danza del Viento, que entrené durante ya trece años, o con El Samurai, que trabajo desde el 86 – yo no voy a poner un samurai en escena a menos que lo requiera el personaje, ni voy a poner la danza del viento en escena. Son calidades muy puras que me permiten una elaboración posterior, y una combinación incluso con otras calidades. Con el clown pasa eso: lo entiendo como una calidad pura, y a partir de que empecé a trabajar con el clown, está en todos mis espectáculos. Y está no de una forma primaria – o sea, ya no uso una nariz en los espectáculos, quizás no me interesa mantener esa cosa del humor o ese espíritu optimista todo el tiempo- pero el clown está y se combina con otras calidades formando un tejido, un tejido a veces evidente y otras veces escondido en la trama, pero siempre presente. Aunque no está ya para un trabajo exclusivamente sobre ese lenguaje. Incluso en el último tiempo con el Clú del Clown todos habíamos entrado un poco en crisis en relación con esto. Quizás, como personas integrales, todos sentíamos la necesidad de expresarnos de otra manera que no fuera el clown. El clown tiene que ver absolutamente con nosotros, pero es un aspecto nuestro. Un aspecto que uno puede decir o bien ‘funciono desde este lugar’ o bien ‘funciono desde este lugar pero también desde otros’.

Y esto ocurriría en tus espectáculos.

- Sí. Para mí, por ejemplo, la cuestión de decir un texto – de ‘realizar’ un texto, mejor dicho, porque el texto es lo que se pone en la boca en la escena – de función a función, es decir la cuestión de repetir – transformándolo – de función a función, fue cobrando un valor totalmente distinto, en función de la comunicación con el público. Yo pensaba que hay sacerdotes que hacen sus ceremonias siguiendo el rito, pero vos ves la forma del rito, pero hay algo que no está. Y esa forma imprescindiblemente tiene que tender a conectarte con ese momento irrepetible y único. Que es lo que hace que el hecho teatral sea único cada vez. Y esto, para mí, es una noción que cerró a partir del trabajo con el clown. Y que yo rescato como fundamental para el teatro.
-----Yo siento como que con el clown se abrió una conciencia que yo no puedo cerrar. Es como si hubieras estado ciego toda tu vida y de repente volvieras a ver; no podés abandonar la vista (a menos que te mutiles). Sea como sea mi trabajo en el futuro, sea que dirija o trabaje como actor, este código de clown va a estar siempre, este tipo de comunicación con el público, esta cosa que tiene que ver con el presente y con el reconocimiento del error – que a veces es simplemente mirar a alguien y pensar ‘OK, te diste cuenta que no me salió muy bien’, y que otras veces es poder volcarlo a la acción y hacerlo manifiesto. Esa comunicación es fundamental.

En referencia a la obra ‘Xibalbá’, ¿qué pasa ahí con el texto? Porque es una obra que tiene mucho texto. ¿Qué papel juega el texto ahí, a partir de esto que decís de la ceremonia viva que es el teatro? Porque es un texto que se repite, como religioso.

- Sí, y vuelvo a repetir: el texto para mí también tiene que ver con cada uno de los gestos, que se repiten y se vuelven a repetir. Todo eso está contando, todo es signo, la palabra es un hilo más en esa trama y no presenta inconvenientes ni dificultades distintas. Ahora bien, está ese otro texto: el que se va escribiendo en cada función en la relación con el público. Todo ese otro texto previo, hecho de palabras, acciones, iluminación, música, es nada más que la estructura que tiene que hacer posible el surgimiento de ese otro texto. Y que a veces no surge – no siempre es posible ese acto de comunión, por más que uno se esfuerce en el rito; depende de muchos factores.
-----A la palabra, en relación con este espectáculo que mencionás, nosotros la abordamos de distintos lugares, pensando también en lo sonoro, en la musicalidad de la palabra, como para poder reforzar una estructura que no esté basada solamente en el significado, y en cambio sí apuntar a una forma concreta que fuera una estructura sólida.

Claro: justamente lo que me llamaba la atención es la abundancia de texto en el juego con el público. Y cierra por este lado, por el lado de que no es tanto contenido como elemento estructural.

- Eso es lo que a veces me aburre del teatro: que se basa en la palabra. Eso de tomar la palabra como el contenido, y que todo lo demás sea la forma que hace que ese contenido te llegue. Pero, en el momento de la presentación, actores y público pueden estar atravesados de tantas otras palabras! Y eso para mí es igual de importante. Todo eso otro es lo que hay que atrapar para entrar en conexión.
-----Me gusta, por ejemplo, cuando alguien dice ‘me encantó esa parte aunque no tengo muy en claro cómo enganchaba con lo otro, pero me fui con esa sensación’. Y yo creo mucho en eso, en ese sentimiento que muchas veces cuesta bajar a concepto pero que uno tiene la certeza de que ocurrió.

Te mando de nuevo al clown, por un camino que es habitual: el del nombre. El tuyo se llama...

- Ahí está. Incluso en talleres que hice después – cuando vine a Buenos Aires - pensé en cambiarme el nombre, y no: para mí es Cucumelo.

¿Por qué Cucumelo?

- No sé. Creo que alguna vez dije algo así como ‘estar solo como un hongo’, y apareció Cucumelo. También soy hijo de una época: las comunidades, la libertad de drogas, etc. Y, bueno, como un lugar de transgresión, la necesidad de irse incluso para otro lado con tal de salir de esa planicie terrible en la que estábamos viviendo.
-----Creo que fue una mezcla de cosas: esta anécdota de estar solo como un hongo, cierta musicalidad italiana (a pesar de que no tiene nada que ver)... Fue como tantas otras cosas en el clown, no demasiado reflexionadas a priori, de las cuales fui tomando conciencia después.
A mí me da la impresión de que esto del nombre, e incluso algunas técnicas como darle una biografía, tienden a corporizar al clown. Y vos hablás de la calidad, y de la idea de cómo se fue incorporando todo a tu trabajo. ¿Qué pasa con Cucumelo? ¿Qué pasa con este clown en concreto, más allá de una energía o una calidad?

- Para mí la biografía de Cucumelo es muy concreta, y se da en la situación en que fue viviendo Cucumelo. Yo no podría inventarle unos padres o inventarle toda una historia que vaya más allá del momento en que Cucumelo está vivo, que tuvo que ver con el momento en que apareció en los cursos, o los momentos en que apareció en los espectáculos. Ésa es la vida de Cucumeo: Cucumelo vive en los momentos en que aparece frente al público. Si no, me parece, sería ponerlo en un estadio de personaje – a menos que sea así, que se le cree una biografía con el fin de llevarlo a escena con una historia. Si no, sería remitirme a un montón de circunstancias previas desde la cabeza, y yo confío muy poco en la cabeza, me parece que muchas veces hace jugar malas pasadas – sobre todo cuando se empeña demasiado a priori. Una cosa es planificar para la acción, y otra es hacer elucubraciones que en el momento son muy poco útiles.

¿Por qué Cucumelo no aparece más como tal?

- Sí aparece. Aparece mezclado... Yo, por ejemplo, no pienso nunca en un personaje cerrado para crear un espectáculo. No pienso en un personaje que tiene toda una vida aparte de la mía. Me parece que son caracteres que evolucionan a lo largo de esa instancia de la presentación – y digo presentación porque la palabra ‘representación’ no me suena muy bien, me suena a algo que se repite.
-----Y Cucumelo aparece en estas cosas. Quizás, como te decía antes, se hace más visible, o quizás está debajo, pero siempre hay un registro y una mirada que en parte es de él. Nunca está puro, siempre está mezclado, pero está ahí, y es inevitable – y tampoco me interesa evitarlo.

¿Pero no harías un número con nariz ahora?

- No sé si no lo haría; no lo hago. Ahora no lo estoy haciendo, pero no sé. No me molesta el trabajo con la nariz, ni tengo ese prejuicio de que la nariz es algo fuera de moda, o muy antigua o muy explícita. Me parece que, en un momento de la formación, es algo fundamental; como un lugar de proyección, o como un recuerdo, así es la nariz. Pero me parece que no es imprescindible cuando uno conoce más el material. Pero tampoco tengo el prejuicio de no usarla, como tampoco me importaría usar una ropa que esté fuera de moda. Creo que gran parte del prejuicio pasa por ahí, porque es algo demasiado obvio. Y así como es explícita para el actor también lo es para el público: vos sabés, como público, cuando ves una persona con nariz, sabés en qué código o desde qué lugar. Ayuda entonces a comunicarse, es como una tarjeta de presentación. Una tarjeta de presentación que tiene un doble filo, porque, por un lado, cuando realmente permite colarse al clown a través de esa nariz, está todo bien. Pero cuando aparece otro tipo de código que no tiene nada que ver con el clown, eso se hace muy evidente y parece que la nariz saltara de la cara. Por eso, me parece que sí es muy importante en un momento de la formación, como referente. Yo podría volver a usar perfectamente; no tengo problemas.

En todo este tiempo de laburo, de toda la gente con la que te cruzaste, ¿hay personas que se hayan convertido en objetos de admiración – e incluso de envidia – dentro del clown?

- Quizás son aspectos, o algunas cosas. Por ejemplo, y desde mi clown, Omar Chabán y su capacidad de asociación. O también, en mi último curso, Lucas Mirvois, uno de Los Susodichos: la capacidad de asociación que tiene en relación con lo verbal para mí es una cosa fascinante. Cierta impunidad de Gabriel Chame – que por momentos podía llegar a ser malísimo como clown – para mí también era admirable. Y sin ser clown - porque nunca se formó como clown -, pero con un espíritu absoluto de clown, Urdapilleta: lo de él es absolutamente clownesco, aun haciendo cosas trágicas – que también es un permiso del clown, porque hay clowns que son absolutamente trágicos.
-----Me pasa, qué sé yo, con todos: cuando veo un clown, siempre hay algún aspecto que tiene que ver con esa cosa individual y propia que me despierta admiración. Admiro todo lo que es genuino, lo que no se contamina con los códigos y se vuelve repetitivo. Por ejemplo, en nuestros cursos de clown Gerardo Baamonde entraba haciendo un sonido que imitaba una trompeta, y después muchos empezaron a imitarlo y terminó haciéndose un código. Pero cuando aparece lo absolutamente propio, eso es absolutamente envidiable. Son hallazgos, son tesoros que uno descubre.
-----No sé, no podría decir de algún clown en su integridad. Pero en la mayoría hay aspectos que digo ‘¿por qué eso no formará parte de mi historia propia’?

Hay un rumor acerca de Cristina Moreira como una profesora muy severa. ¿Es cierto eso?

- Y... en nuestra época lo era. Pero ocupaba el lugar de un público muy crítico. Ella venía de Francia y de un mundo con mucho trabajo de clown. Y creo que era muy exigente respecto a eso. Cristina – y esto yo lo encontraba muy distinto a mi trabajo con Iben – insistía en que los elementos que encuentra un clown son de ese clown y ya está. Prohibido copiar. Y, en realidad, lo que esto estaba encubriendo era la posibilidad de ir guiándonos a cada uno en el hallazgo de su propio material, en vez de crear un código comunitario que suele funcionar bien de manera interna pero que, cuando los llevás afuera, no funciona.
-----Por otro lado, en la Antropología Teatral la cosa era ‘vean los ejercicios que hacen sus compañeros y, si encuentran uno que les sirve, pueden robarlo o reelaborarlo’. Entonces yo encontraba un conflicto ético, tipo ‘mi papá me dice que no puedo y mi mamá me dice que sí’. Y creo que todo esto tiene que ver con el hecho de que, a veces, desde la imitación uno puede encontrar un lugar genuino. Puede funcionar esto de aprender de pares, de colegas.
-----Sí, es severa. A mí de todos modos me sirvió mucho. Porque era un trabajo a presión, pero no diferente de la presión que uno se encuentra cuando uno se va a enfrentar con el público. Me parece que ella ponía en juego esa situación, y era una situación de mucha exigencia pero también muy certera y muy inteligente – por eso, cuando la cosa funcionaba era un placer enorme.
-----Yo creo que la mayoría de la gente que forma clowns no tiene ningún empacho en decirte cuándo la cosa funciona y cuándo no. En el trabajo de clown específicamente, yo creo que se permiten retarte con un plus de autoritarismo, que es el que vuelve a colocar al clown en esa posición de ‘el que no tiene poder’, el que no sabe, el que tiene problemas y las cosas le salen mal. Generalmente, ese tipo de retos son de lo más productivo, porque si uno no tiene esa instancia de reconocimiento del error, de admitir que por ahí la cosa realmente no va, entonces es muy difícil remarla.

¿Vos te colocás ahí como docente?

- Para mí es muy importante, sí, marcar y reconocer los errores. Porque son el material de base del trabajo del clown. Y también pasa que muchas veces uno considera fallas o errores cosas que para el público no lo son; que son simplemente algo que es raro, distinto, personal, y que requiere quizás de un tiempo de desarrollo para que tome la forma de un material válido. Cuando Batato empezó a hacer el trabajo de clown, yo me acuerdo que en el Centro Cultural Recoleta había un escenario en el hall central, y lo único que hacía Batato ahí era vertical y arco, vertical y arco sin parar, hasta enloquecer. Y este marido de mi mamá que me había impulsado a tomar la decisión de seguir con el teatro, cuando fue a verlo una vez me dice ‘este chico es un tarado’. Y para mucha gente Walter era un tarado. Creo que el poder reafirmarse en ese lugar... – que no es que no te importe, es que muchas veces uno tiene conciencia de que esas cosas no dan resultados o no llegan a todo el mundo pero intuye que algo de eso vale, que es simplemente encontrar la manera de que la gema aparezca. Y me parece que esa terquedad de búfalo de Batato fue lo que le permitió llegar a un lugar... Incluso en un momento en el que todavía no aparecían travestis en televisión ni estaban en el show business, él podía tranquilamente ponerse tetas y vestirse de mujer y maquillarse mal, y seguir siendo un clown.

Escuché decir que en un momento quemó su nariz. Sea cierto o no, me gustaba pensarlo más en el sentido de que el clown pasa a tener otro lugar que no está simplemente representado por esa nariz – que es también lo que vos estás diciendo.

- Sí. Incluso como personaje mediático, a mí me pasó de subir a un taxi con Walter y que el taxista diga ‘no, ¿cómo le voy a cobrar a Batato?’, o sea que por ahí lo había visto en algún sucucho. Yo creo que él específicamente encontró a través del clown un tipo de lenguaje que lo representaba mucho a él como persona. Que él tenía un gran porcentaje de clown en su vida. En este trabajo de Romeo y Julieta, por ejemplo, en uno de los ensayos se hacía como un juicio a los personajes – todos los personajes se sentaban en ronda y cada uno iba pasando al medio. Walter tenía el personaje de Baltazar, un criado en la casa de los Montesco. Entonces, en un momento la sentaban a Julieta, y a su turno la madriza decía, no sé, ‘yo te condeno porque sos muy traviesa’, y otro decía ‘te condeno porque sos muy soñadora’. O sea, era todo muy soft. Y, cuando va Baltazar a juzgar a Julieta, le dice ‘yo te condeno porque sos una cagona; porque si vos le hubieras dicho que sí a mi amo desde el principio no hubiera pasado todo lo que pasó’. Y así dio por tierra a toda aquella Julieta ideal que tenían todos en la cabeza.
-----Con Walter pasaba que a veces, y muy a pesar de que él quería lograr un efecto dramático –de hecho él quería ser un actor serio-, decía algo y nos cagábamos de risa. Por ejemplo, lo sientan a Teobaldo, y cuando va Walter le dice, con los ojos llenos de lágrimas, ‘Teobaldo, vos sos de lo peor’. Y nosotros nos descomponíamos de la risa. O sea: era un clown la mayor parte del tiempo, con toda su cosa compulsiva y sus decisiones tomadas de una manera que parecía muy arbitraria, siempre muy respetuoso de su intuición y de sus impulsos primitivos a los cuales, quizás, él no terminaba de encontrarles una lógica, pero igual confiaba en eso, y lo llevaba realmente al máximo, a un punto incluso de uno asustarse y pensar "¿a dónde va a ir a parar este chico?"
-----Y después, creo que esta organización de Lecocq de los géneros puros tiende a que cada uno pueda descubrir el género que más tiene que ver con su personalidad, y después trabajar los otros géneros como para poder complementar o ampliar las posibilidades de esa personalidad original, poder entrar en contacto con esas otras calidades que también están y que tienen que ver con desarrollarse uno como persona. Me parece que no es mucha la gente que tiene ese carácter del clown. En un momento nos hicieron una entrevista en Cuba y Hernán Gené dijo ‘el clown es una manera de vida’. Para nosotros era muy fácil en ese momento, porque éramos seis que andábamos juntos a todas partes, éramos más o menos una patota. Pero, individualmente, llevar una vida como clown y que realmente eso sea como la columna vertebral de uno, no es nada fácil, y yo creo que no hay mucha gente que lo haga. Como no hay mucha gente para cada uno de esos géneros puros.

¿Walter te parecía uno de ellos?

- Absolutamente.

¿Quién más? ¿Se te ocurre alguien más (no necesariamente de acá)?

- (Pausa). Pasa que también hay que tener un conocimiento muy íntimo de la persona para saberlo, y yo con Walter fui muy muy amigo – llegamos a compartir terapia juntos. Entonces sé cómo él sacaba el humor de situaciones absolutamente críticas, donde otro pensaría en suicidio.

Por lo que vos decís –vos siempre hablás del actor-, me parece que entra a jugar otra cosa, eso del clown como parte de la vida y que no se puede diferenciar de ella. Y es lo que en algún punto afirman aquellos que vienen de una tradición más circense, que tampoco desean separar arte y vida. ¿Cómo es eso para vos, en tu caso? Porque vos hablás de lo teatral, pero ¿cómo se mete lo clownesco en tu vida?

- Me parece que es como en los espectáculos: en algunos momentos de mi vida Cucumelo aparece más, y en otros menos. Yo no me considero, como en el caso de Walter, como un 98, 99 o 100% clown. Realmente no siento que sea así. Creo que lo que decís en relación con lo circense es totalmente cierto. Por ejemplo, los Colombaioni en Italia: es gente que viene de una familia de clowns, y que vive en el circo y dentro del circo tiene ese lugar del clown, o sea que ese aspecto se hace más y más fuerte como identidad. Para mí, yo creo que sería muy difícil hacer la cantidad y la de cosas diferentes que hago si viviera toda mi vida como clown. No podría. Mi vida tendría que ser otra. Tendría que dar sólo clases de clown, y hay muchas otras cosas que me interesan.

¿Tenés una opinión formada acerca de la situación actual [en el 2003] del clown en Argentina?

- Me parece que hubo este gran primer movimiento en los 80, que después dejó paso a esta otra instancia de juego un poco más intelectual dentro del teatro, y que ahora los campos empiezan como a compatibilizarse. Me parece que hay mucha gente que labura en clown, y de esa mucha gente no sé si hay muchos realmente comprometidos como una forma de vida o si en cambio son actores investigando dentro de ese campo como para después aplicarlo a otras maneras de hacer teatro. Creo que, más allá del clown, lo fuerte del último tiempo tiene que ver con el circo en general, y el clown como una parte más dentro de toda esta cosa de circo que hay. Pero siento que, a diferencia de los 80 (donde era más el clown aplicado al trabajo de teatro), ahora empezó a conectarse mucho más con esta otra escuela del circo, que es muy distinto, que tiene mucho más que ver con el gag... Es otra manera de trabajo. Cuando se estudia con alguien que viene de la tradición del circo, uno aprende el gag, aprende la manera de hacer el chiste, y después uno tiene que encontrar su propia forma de hacer el chiste. Es al revés: nosotros, de la forma en que lo aprendimos, enfocamos primero al encuentro del clown, y que el gag vaya apareciendo en el desarrollo de ese clown. Y ahora, después de mucho tiempo de pelea entre una y otra formación, me parece que empieza como a existir la posibilidad de convivencia y de aprender una y otra forma.
-----También, con la gente del Odin –ellos habían trabajado en cárceles, y habían hecho todo un trabajo previo con los Colombaioni– vos ves los videos y son los números típicos del clown: el muerto que se levanta con las patas adelante, el número de levitación, el número del barbero que le llena de crema la cara al otro. Aprendían primero el esqueleto de esa cosa y después buscaban la posibilidad de desarrollar su propio estilo; el que puede hacerlo así, puede entonces llevar adelante el trabajo de clown.
-----Ahora me parece que empieza a compatibilizarse. Pero también es cierto que no estoy viendo muchas cosas de clown. A veces voy a ver espectáculos de gente de la que conozco su trabajo previo al contacto con el clown y su trabajo posterior a ese contacto, y me doy cuenta de que ya se abrió algo, y que es un trabajo que no tiene directamente que ver con el clown pero el clown está ahí. El trabajo de Caro [lina Adamovsky] en ‘Ganado en pie’, por ejemplo: yo la veía y veía mucho al clown que yo había conocido en los cursos. Y no tenía que ver con el humor más áspero que hacía antes Carolina. Por eso también digo lo de diferenciar la cosa del humor de lo que es en sí el clown. No siempre el trabajo del clown remite directamente al humor ni viceversa.
-----Policastro también: yo lo veo a Martín y pienso en lo que hacía antes, y claro, el clown está absolutamente presente en su laburo actual como actor.
-----Pero quizás no veo muchas cosas. Lo más específicamente clownesco que vi en el último tiempo es quizás Los no Perecederos, no más que eso. Pero sí vi a mucha gente aplicar cosas del clown, y no voluntariamente sino porque hay un canal que se abrió y que no se puede evitar.

Relacionado con esto, ¿qué esperás vos de las clases y los cursos? ¿Cuál sería la riqueza de los cursos?

- ¿Del clown específicamente? Para mí es como con el entrenamiento: yo siento que encontré cosas que fueron muy ricas en mi formación... Y lo importante: si bien la vida y el arte son dos cosas distintas, y la persona y el personaje son dos cosas distintas, también es cierto que las cosas que uno va aprendiendo también sirven para conectarse de una manera más clara con el público, y eso termina resultando útil en la vida. Es un camino y un aprendizaje para mí muy sinuoso, porque, si bien son dos cosas distintas, el límite es muy borroso.
-----Depende mucho de la persona, no tengo una idea general – no doy cursos de clowns para formar clowns, del mismo modo que no doy cursos de entrenamiento para formar gente entrenada en una energía determinada y que salga haciendo, no sé, la Danza del Viento por la vida. Pero sí es dar la posibilidad de conocer un aspecto que está muy escondido, y para algunos quizás desarrollar o afirmar aquello que ya conocen. Muchas veces ese desarrollo y esa afirmación consiste en poner en tela de juicio el material que ya se da por sabido. A mí mismo me pasó, como clown: había un momento en que Cucumelo lloraba y lloraba, y era bárbaro, funcionaba siempre bien con el público. Y llegó un momento en que dejó de pasar, y dejó porque yo ya sabía que eso funcionaba – yo ya no actuaba desde un lugar de ingenuidad. Y algo de la vulnerabilidad se perdió. Entonces, en el momento en que percibí eso, dentro del llanto empezó a aparecer la risa también, y Cucumelo se empezó a poner un poco más malo, a usar ese llanto para lograr sus objetivos. Y ahí la cosa volvió a funcionar. Pero partió justamente de poner en tela de juicio aquel material que yo consideraba infalible.
-----Eso no es sólo con el clown; en el entrenamiento también hay veces que yo digo ‘esta calidad ya está, ya está sabida’. Cuando tiene la cosa establecida tácitamente, la cosa desaparece. Es una conexión momento a momento.
-----Yo creo que enseño más que nada por una cosa de egoísmo, porque me da mucho placer ver cuando alguien descubre algo que le resulta bueno o útil o desconocido hasta ese momento. Esos momentos son de un placer enorme para mí. Creo que sí, que hay una cosa de egoísmo en gran parte. Pero, por supuesto, el otro es fundamental en esto, porque eso es posible sólo cuando me pongo a trabajar con el otro y a ver cuáles son sus objetivos.
-----Sí, lo que más me mueve es esa satisfacción. Acompañar en el sentimiento a alguien es muy placentero, muy rico, muy... no sé, será que no tengo hijos, no sé con qué tiene que ver.

¿Te parece que terminemos con un pequeño homenaje a Cucumelo? ¿Podés recordar momentos que hayas disfrutado más, o que hayan significado una experiencia decisiva, o donde la unión entre la acción y la palabra haya sido más fuerte?

- Sí. Por ejemplo el primer espectáculo del Clú... Yo tardé mucho tiempo de entrar a trabajar en el grupo – yo estaba como vestuarista y les armaba la imagen, pero no quería saber nada con poner el cuerpo, sentía que era demasiada exposición. Y eso a pesar que ya estaba trabajando en las plazas. Me daba demasiado vértigo.
-----En el segundo espectáculo del Clú... Bueno, después de un tiempo sí entré a trabajar en ‘Arturo’; ese momento sí me dio mucho placer, entré como reemplazo de uno de los chicos, y entré con una estructura distinta para proponer de lo que había puesto Damián (el chico que estaba anteriormente). Y lo que propuse fue cantar ‘glory, glory, aleluya’ mientras intentaban sacar la espada de la piedra, y le propuse al público ponerse d pie. Entonces, ver a toda la sala del Rojas de pie cantando conmigo... fue increíble... era como ‘ah, bueno, se puede’.
-----Pero creo que lo más grato fue en el último espectáculo que hice con el Clú. Yo siempre tuve muy malos estrenos con el Clú, siempre fue como que mi trabajo iba evolucionando mucho a través de las funciones. Cuando miraba lo que había hecho al principio desde el final de una puesta, me daba vergüenza ver lo que había hecho. Cuando veíamos los videos, eran unas depresiones...!
-----Pero en el último espectáculo que hice yo con el Clú, que era la Historia del tearto, dirigido por Juan Carlos Gené... Juan Carlos Gené es una personalidad muy fuerte y muy particular; tenerlo a él sentado enfrente en un ensayo de clown es realmente.... o sea, Cristina Moreira, al lado de Gené, es Sarah Key... Y ahí, haciendo un personaje dentro de un número propuesto por Gabriel –trabajábamos distintos momentos de la historia del teatro, por ejemplo, el teatro isabelino, donde yo hacía un rey tipo Macbeth – entraba hablando con una voz que realmente no se entendía nada, con una voz rarísima. Y me acuerdo que, desde ese mismo no entender – algo que para mí era realmente extraño, y teniendo en cuenta que para Gené la dicción era importantísima – verlo a él matándose de risa al escucharme a mí fue un momento muy fuerte de apertura.
-----Y bueno, fue como sentir ‘encontré un lugar en donde tengo permiso’, ‘le encontré un talón de Aquiles a este público’. Y creo que fue el espectáculo con el Clú que yo más disfruté.
-----También teníamos una escena con Walter donde hacíamos La Dama de las Camelias; yo hacía Armando el enamorado y bailaba un vals con ella y me divertía mucho mucho. Pero el punto de inflexión fue aquel cuando lo vi al viejo con la carcajada, ya no la sonrisa sino la carcajada abierta.
FIN

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29 junio 2006

aviso que necesita ser completado

Descubrimos un blog en el que Bondiola aparece linkeado. Se llama "con tanto payaso algo puede salir mal" y anuncia un festival payasesco en Quilmes para el Domingo 16 de Julio. No sabemos, por ahora, de quiénes se trata. Sólo que promete mucha risa y muchos payasos. Pronto, con seguridad, obtendremos algún dato. Aquí va el link: http://algopuede.blogspot.com/

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parakultural

Una referencia, a partir de la exposición de Rocha Novoa, a ese sitio que mencionan algunas entrevistas, como la que estamos publicando de Angelelli. AQUÍ.

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lo que es una habilidad

el hombre corneta

Represión y Cultura

Lo que sigue ha sido levantado de la página http://www.paginadigital.com.ar/articulos/varios2/programa.html. Es una Nota del Gral de Brigada José Antonio Vaquero (Segundo Jefe del Estado Mayor General del Ejército) dirigida al Ministro del Interior, Gral de Brigada Albano Harguindeguy, en Noviembre de 1977. En la misma página tienen otros dos documentos esclarecedores. Cualquiera que lea esto junto con, por ejemplo, la entrevista a Chacovachi o la entrevista a Angelelli, sacará seguramente algunas cuentas.
República Argentina
Comando en Jefe del Ejército
BUENOS AIRES, 28 de noviembre de 1977
SEÑOR MINISTRO:
-----Este Comando en Jefe del Ejército ha constatado mediante diferentes acciones una serie de anormalidades existentes en los medios culturales, basadas en la carencia de una legislación adecuada que proteja a nuestra cultura del accionar subversivo. Tras largos años de infiltración y amparados en las características particulares de algunos ambientes, la subversión ha logrado obtener óptimos resultados en los medios culturales, llegando a conformarse la idea de que sólo podría tener éxito en lo artístico aquel que era o se autotitulaba "marxista".
-----Las bases legales actuales, especialmente la Ley Nro. 20.840 (de Seguridad Nacional) alcanza a las acciones subversivas desenmascaradas, expresas y manifiestas. Todas aquellas indirectas, insidiosas y sutiles que precisamente emplea el marxismo en el proceso de erosión de valores, no pueden ser encuadradas en legislación alguna vigente, excepto cuando atenten contra lo oral entendido casi exclusivamente en lo referido a lo sexual. Cabe acotar que, en estos casos, gran parte del poder de policía se encuentra en el nivel municipal, lo que impide un accionar integral.
-----Recordamos el pensamiento del marxista ANTONIO GRAMSCI sobre el valor de la cultura, quien contrariamente a lo que expresaba LENIN de la necesidad de apoderarse del poder para desde él transformar a la sociedad, manifestaba: No hace falta ocupar el Estado para transformar la sociedad, sino cambiarla culturalmente para luego tener fácil acceso al Estado. La falta de legislación adecuada facilita el accionar subversivo y obliga a las FFAA, al accionar sobre estos medios, a marginarse de lo legal.
-----La respuesta marxista en estos casos está siempre preparada; el que trata de proteger su propia cultura impidiendo el avance del marxismo es "Maccarthysta" o "fascista", iniciando de inmediato campañas ofensivas nacionales o internacionales sobre el tema.
-----Estas limitaciones en la Lucha Contra la Subversión, en la que se encuentran las FFLL, ha facilitado incongruencias tales como la impresión, distribución, difusión y venta de bibliografía marxista o disolvente que ha continuado durante los años 1976 y 1977.
-----De igual manera en las casas de venta de discos y cintas magnetofónicas pueden obtenerse actualmente piezas de características disociadoras y que hacen directamente a la subversión, tal como lo expresa claramente el Informe Especial de Discografía emitido por la SIDE el 22 Oct 77, cuyo ejemplar Nro. 1 obra en poder de ese Ministerio según se desprende del distribuidor.
-----Este accionar se ha difundido preferentemente en las artes plásticas, la música y la literatura, extendiéndose de lo culto a lo popular.
-----El Estado Mayor General del Ejército ante estos problemas realizó un Estudio de EM cuya copia remitimos como un aporte más para que ese Ministerio disponga de los elementos de juicio necesarios para resolverlos. Cabe destacar que si bien entendemos que la empresa es dificultosa, su solución es apremiante en razón de que, mientras no se combata a la subversión en el ámbito cultural, la misma podrá continuar con la captación de mentes juveniles pues el ciclo no habrá quedado interrumpido.
-----Saludo a Ud.
JOSÉ ANTONIO VAQUERO
General de Brigada
2do Jefe del Estado Mayor General del Ejército
A S.E. EL SEÑOR MINISTRO DEL INTERIOR
General de Brigada D. EDUARDO ALBANO HARGUINDEGUY

Angelelli - 3

¿Qué fuiste haciendo paralelamente al trabajo con el Clú?

- Yo, durante el segundo espectáculo del Clú – que era Escuela de Payasos, en el 86, dirigido por Gené... Yo me acuerdo que habíamos ensayado la obra en El Parque, ahí en Bolívar, e íbamos a poner la obra en El Rojas. El lugar donde habíamos trabajado era un espacio circular, y había que cambiar todo para una puesta frontal en el Rojas – era bastante arduo.
-----Haciendo estos ensayos, me entero de que habían llegado a Buenos Aires unos artistas daneses que daban entrenamiento corporal para el actor. Y, como te decía, desde los últimos años del conservatorio eso había sido para mí una veta que se había abierto y que nunca (porque aquella profesora que tuve en Técnica Corporal se había ido a vivir a España) encontré el camino para poder desarrollar un trabajo así. Y en ese momento era lo que más me interesaba, digo, la cosa corporal en sí – ni siquiera había descubierto la posibilidad del trabajo vocal. Buscaba pero no encontraba. Tomaba clases de danza. Por un lado, tomaba clases con Gandolfo, donde el cuerpo quedaba totalmente afuera – ¡ojo!, estoy hablando de un momento particular, sé que el trabajo de Gandolfo cambió muchísimo, y eso fue en respuesta a todo un movimiento que se fue desarrollando desde ese momento. A mí me parece que todo lo que surgió en los 80 fue una necesidad del inconsciente colectivo; no fue una moda que llegó de París, una importación caprichosa.
-----Y, bueno, trabajando con una persona como Gené, que era tan fuerte desde el punto de vista ideológico – yo me acuerdo que nosotros en sus clases le planteamos (éramos unos pichis, unos adolescentes totales) toda la cosa de la ideología en relación con el espectáculo, y él nos dice ‘la ideología viene después; primero es la acción y después ustedes tienen que extraer la idea’.
-----Y me parece que eso es algo que empezó a fermentar en ese momento: primero, la acción, el tratar de hacer, y después tratar de ir seleccionando y reflexionando sobre eso que se había hecho.

O sea: una política de la acción corporal.

- Sí, de la acción en sí. Yo creo que de la acción en sí, como cultura. Porque fue mucho tiempo el que la gente estuvo inactiva y viviendo con mucho miedo. Yo tengo muy claro el recuerdo de esa época: salir a la calle y fijarte si tenés los documentos. A mí me llevaron en cana dos viernes seguidos mientras estudiaba en el conservatorio. Por ahí, después del conservatorio, íbamos a tomar algo a un lugar y resultaba que el lugar no estaba habilitado, y entonces paraban un ómnibus de línea y nos metían a todos adentro y nos llevaban al departamento de Policía. Y lo peor era ese terror de no saber si ibas a salir o no, porque sentías que todo era posible, que cualquier fantasía terrorífica era posible. Se vivía con mucho miedo.
-----Entonces, por supuesto, esto de haber empezado a trabajar en las plazas... En aquel momento, en San Telmo sólo había una pareja que bailaba tango en la plaza y estaba el Teatro de la Libertad haciendo algo, pero no había teatro en la calle. Pensá que, hasta hacía poco tiempo, estaba prohibida la reunión de cuatro personas en la calle. Entonces, sí, fue un momento en el que se empezó a oler esa posibilidad del hacer.
-----También nos habíamos quedado, en relación con el teatro específicamente, como huérfanos de una generación anterior. Nosotros teníamos como referente de teatro independiente a un tipo de teatro que ya no nos representaba en absoluto – un teatro muy comprometido con la cosa psicoanalítica de los sesenta. Y eso para nosotros era muy lejano. Entonces había que hacer para encontrar nuestra expresión. Era prueba y error.

Y a vos te interesaba la cosa corporal y te enteraste de los dinamarqueses.

- Claro, me enteré de que estaba ese grupo, y yo no tenía idea de Eugenio Barba y el Odin Teatret. Me entero de que los daneses llegan para un curso de entrenamiento corporal para el actor, y fui a ver de qué se trataba. Fui a la Escuela Municipal (donde se daba el seminario) y, con muy buena suerte, logré integrar uno de los grupos de entrenamiento. Primero no era admitido, porque no formaba parte de los grupos que habían sido admitidos para integrar el seminario. Y, por error –esos errores de la vida-, yo, que había sido aceptado sólo como oyente, cuando hicieron la división de los grupos me encontré como participante. Quien daba el curso cuenta como anécdota, aun hoy, que, cuando contaba a sus alumnos, siempre tenía uno de más, y él no sabía quién era – ni yo lo sabía; yo estaba absolutamente inocente de que estaba de más, yo pensaba que estaba ocupando mi lugar con todo derecho.
-----Y ahí empezó esta relación, que sigue todavía. Y que fue el otro pilar de mi formación. Estaba por un lado el trabajo específico de clown, que era con lo que más me había entusiasmado dentro de los géneros puros... Creo que también había mucha necesidad de reírse, me parece que era por eso. Porque los cursos de tragedia y de melodrama también eran una risa viva, y no teníamos cómo sostenerlos. Y no era porque no nos interesase, porque, de hecho, íbamos y nos poníamos las togas y todo, y tratábamos de concentrarnos, y habia también mucho trabajo corporal en la tragedia. Pero, a la hora de entrar en la tragedia, en un lugar oscuro, con Cristina iluminando desde afuera y el que entraba haciendo su texto, cuando te llegaba la luz era una risa contenida hasta que estallaba la carcajada. Claro: después de dos o tres cursos de clown previos, era imposible encarar la tragedia o el melodrama.
-----Pero creo que sí, que respondía mucho a una necesidad de risa como liberación. La mayoría de los trabajos de ese momento fueron humorísticos. Si bien eran distintos tipos de humor, son muchísimos los trabajos sobre el humor que partieron desde entonces – Los Macocos, las Gambas, nosotros, los Melli, Urdapilleta y Tortonese... Era una explosión.
-----Los únicos que trabajaban con otro tipo de estética, que estaba más relacionada con lo de La Fura [dels Baus], era la gente de La Negra en ese momento – después De La Guarda y Art Detroy -, con una cosa mucho más visual pero donde también primaba la acción – a tal punto que uno de sus trabajos se llamaba ‘Work’. Era acción, cuerpo a full. Creo que en los 90 empieza un movimiento que rescata un poco más el valor de la palabra, la organización de un discurso, y el cuerpo empieza a quedar... por ahí no en un segundo plano, pero a balancear un poco más.

Entonces, ¿podrías decir que ese descubrimiento de los daneses te da eso que empezaba a faltar en el Clú del Clown?

- Yo recuerdo que nosotros teníamos ensayo en el Celcit, con Gené, a las nueve de la mañana. Y yo a las siete y media ya iba a entrenar – porque no tenía lugar para entrenar, entonces iba a hacerlo antes de que llegara el grupo. Para mí era muy difícil, porque son dos metodologías de trabajo muy distintas – que aparentemente deberían llevar a dos lugares distintos, pero que en realidad convergen en un mismo punto. En el principio, el clown estaba para mí más relacionado con la cosa más relajada, más espontánea, hasta más banal si se quiere – también por esto de ir primero a la acción, y que la reflexión venga después. Desde las primeras clases trabajábamos con el público y para el público, entendiendo que el público era nuestra razón de ser. Y era una cosa bastante irrespetuosa. En un momento Gabriel salió hablando de Les Luthiers en Clarín, y más o menos decía que eran unos bobos y que nosotros éramos mucho mejores – después lo queríamos matar. Ir a ver teatro juntos era un infierno para los que estaban actuando ahí: íbamos los seis juntos y nos reíamos en los momentos menos indicados, perturbando el desarrollo normal de la función. Me parece que también era, de una manera un poco prepotente, la necesidad de fundarnos una identidad.
-----Y en la medida en que cada uno fue encontrando un camino – Batato por un lado, con Tortonese y Alejandro [Urdapilleta], con una cosa más llevada hacia la crueldad que nuestro trabajo... Fuimos cada uno encontrando un rumbo distinto. Y en ese momento mi rumbo lo fue marcando este trabajo con Iben.
-----Creo que algo muy importante del trabajo con Cristina fue el acento que ella ponía en la vulnerabilidad – no sólo en la disponibilidad – que cada uno debía tener para poder aceptar el error y para aceptarlo incluso frente al público. A mí me pasaba a veces de aparecer frente al público en un estado de susto total. Después se pasaba al plano del juego a través del clown, a través de la nariz. Había funciones en que me temblaban las piernas y me decía ‘hoy no puedo, hoy no puedo’, hasta que estaba ahí y ahí la cosa se transmutaba.
-----Este otro trabajo que yo hacía con Iben era mucho más íntimo, mucho más de laboratorio. Si había alguien mirando el trabajo, era ella – una persona con una mirada crítica que podía ayudarte a seguir adelante. Y con una cosa que tenía toda una mística detrás: esta idea del clown como un ser único, alguien que se presenta ante el público como un ser único que viene hablar, de alguna manera, de su soledad, y a compartir ese momento también único con el público. Quizás uno no es consciente de eso al entrar en escena, pero yo creo absolutamente que ése es el móvil. El clown es la metáfora del artista, es ése que viene a jugar y a hacer esas cosas que no tienen sentido, que no tienen un para qué, y a encontrar ese momento de comunión con el público en el que el público puede decir ‘hoy no estuve tan solo’ o bien ‘qué bueno que ese tipo puede mostrar todas sus debilidades y errores y uno estar acá, acompañándolo a éste en ese viaje!’ Todo eso, para mí, no se hizo evidente como una mística del clown hasta pasado cierto tiempo. En un primer momento, era lo que me pasaba a mí, lo que yo sentía, y sin llegar a tenerlo muy claro.

¿Fue el trabajo con Iben el que te dio cierta conciencia en relación con esto que decís?

No... Yo creo que... No sé, porque... para mí en un momento era muy díficil el tener estas dos cosas aparentemente tan opuestas, y yo decía ‘¿cómo puede ser que estas dos cosas opuestas me atraigan?’ Ir a ver un espectáculo con Iben, donde todo era tan oscuro, y yo salía conmovido (sin entender muy bien muchas veces, pero realmente conmovido) y, en la otra mano, tener esa otra comunicación con el público, era un color totalmente distinto.
-----Y yo trataba de encontrar una síntesis entre estas cosas, por eso en algún momento empecé a aplicar los trabajos de entrenamiento como precalentamiento para los cursos de clown. Pero eso era más por una voluntad mía de encontrar un curso común.
-----Y creo uno y otro polo fueron entrando en contacto. Fui descubriendo dentro del trabajo de Iven (y dentro del Odín también) una cosa que era muy pariente del clown en cuanto a la comunicación, aunque aparentemente no lo fuera. Y, por otro lado, dentro del clown, esto que te decía: la necesidad de ir teniendo herramientas más sólidas. Pero no sé si es que el trabajo con Iben me ayudó claramente.

Pero, por ahí, te sirvió para descubrir esto que, en el fondo, era una unidad.

- Sí, puede ser. Esta cosa mística que fui descubriendo en el clown, por ejemplo, era muy clara en el Odin. Quiero decir, si vos vas a Grotowski, te habla del ‘actor santo’ y del estado tránsico del actor, hay algo que une a ese estado profano con lo sagrado. Si tomás, desde la antropología teatral, todas esas cosas del teatro oriental o del hindú que también están tan unidas a lo sagrado, está mucho más en la superficie esto. Y el clown... aun hoy escuchás a directores y gente muy respetable que toma el trabajo del clown como si fuera un género menor. Y yo creo que no es así en absoluto. Cuando uno ve a un clown maduro trabajar, te encontrás con un gran artista. Esta cosa del despojarse, de presentarse con esa vulnerabilidad, esa comunicación directa con el público, no es moco de pavo.

Para vos el clown es lo que pone en evidencia esa condición solitaria del artista y esa mística, que vos encontrás en otros géneros de otras culturas. ¿Lo ves en el clown particularmente?

- Lo veo en cualquier artista cuando alcanza un punto de madurez. Ahí aparece eso, el poder reconocerse en los demás y ese sentimiento de soledad también. Por eso digo que de alguna forma el clown me parece una metáfora de esto, porque es quizás el que más juega con esto directamente.

Carátula
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25 junio 2006

Folla

A continuación, por su proximidad estructural con lo que se denomina actualmente "variedades", Boniola transcribe un fragmento de la erudita Historia del Teatro Español del Siglo XVII (Madrid: Cátedra, 1995), de Ignacio Arellano, que contiene la definición de "la folla", uno de los géneros breves del llamado teatro menor. El pasaje pertenece a las páginas 677 a 679.

"La folla es una modalidad de teatro breve, propia del siglo de oro español, relacionada con el ámbito carnavalesco, de carácter efímero y marginal. Se compone de elementos varios de piezas breves a modo de centón heterogéneo de disparates dramáticos. El término folla tiene connotaciones de barahúnda y agitación desordenada. Covarrubias, en su Tesoro de la lengua castellana o española, escribe: 'Los comediantes, cuando representan muchos entremeses juntos sin comedia ni representación grave, la llaman folla, y con razón, porque todo es locura, chacota y risa.' Viene a ser, pues, un divertimento basado en la mescolanza de estructuras breves de índole cómica, sin orden ni concierto, con el fin de conseguir un efecto de movimiento y variedad, con ribetes de sátira, según recoge Suárez de Figueroa en su Plaza universal de todas las ciencias y las artes. Emilio Coratelo, en su Colección de entremeses, menciona de pasada las follas, que define como mezcla de fragmentos de otros géneros (entremeses, loas, bailes, jácaras, mojigangas), como pretexto para cantar y bailar. Luis Estepa, que ha escrito algunas de las poquísimas páginas que conoce la crítica en torno a las follas, recuerda que algunas piezas de Quiñones de Benavente, como Las dueñas 'no son más que pot-purris formados con letras de canciones; de la misma manera que El soldado apenas tiene asunto. Juan Rana olvida quién es, dando lugar a una indagación acerca de la naturaleza de su oficio [...] La estructura serial, finalizada en alboroto y confusión, reúne los rasgos definitorios ya aludidos'. Parece haber existido un subgénero, el de la folla real, donde debieron de incluirse piezas más grandes formadas tomando la comedia como base. En el entremés cantado Manos y cuajares, de Quiñones, se advierte la fórmula de la folla, según define la pieza su propio texto:
Y aquí acaban tres enjertos
que os hemos dado a comer,
una jácara en un baile,
y un baile en un entremés."

Angelelli - 2

¿Había mucha gente en los cursos de Cristina Moreira?

- Cuando yo empecé Cristina daba los cursos en el estudio de Adriana Barenstein – que creo que era su casa, un departamento. Y ahí eran pocos, porque el curso estaba directamente dirigido al grupo que trabajaba expresión corporal con Adriana. No sé cómo Walter fue a parar ahí, si estaba haciendo expresión con Adriana. Pero me pasó el dato justo en el momento en que Cristina empezó a dar clases en la escuela de mimo de Escobar y Larchundi, en San Telmo. Y ahí sí había bastante gente. Mucha gente, como Gabriel [Chame], Olga Ramírez, Gerardo Baamonde, que venían de la escuela de Elizondo; algunos que habían formado parte de la Compañía, como las chicas de las Gambas [al Ajillo] en su mayoría – salvo María José [Gabin] y Alejandra Flechtner. Después había gente de la misma escuela de mimo. Y era muy rica la mezcla, porque la gente de mimo de la escuela de Elizondo tenía como una pica antagónica... quiero decir, el mimo que ellos seguían (que era más de Marceau) en la escuela de Escobar... más gente que venía de la danza (un grupo que se llamaba Danzarte, por ejemplo). Y, bueno, gente de todos esos lados más alguno que tenía la suerte de enterarse. Y eran, sí, grupos bastante numerosos, de 25 o 30 personas. Estaba Omar Chabán... Era todo bastante mixturado.
-----Pero era toda gente que tenía una formación previa, ya sea en relación al teatro, al mimo o a la danza. Cada tanto aparecía algún paracaidista – me acuerdo de una psicóloga que cayó y desapareció después de la segunda clase; que dijo ‘soy pisocóloga’ en un tono académico, en su presentación, y, bueno, empezó a llegar la bajada de línea y el gaste. En realidad era tratar de encontrar la vulnerabilidad dentro de esa máscara social que era el título de psicólogo. Ella no lo soportó y no volvió nunca más.

Pero no hacían sólo clown.

- No. Sí empezó con clown, y después empezó con el trabajo de lo que se daba en llamar géneros puros – melodrama, tragedia. Máscara neutra en ese momento ella no trabajaba (la incorporó después). Nosotros en particular, lo del Club lo trabajamos con Mario González, un actor que formó parte del Teatre du Soleil...

¿Está afuera ahora?

- Sí, vive en París. Él es centroamericano; no me acuerdo ahora de qué país.

¿Cómo era eso de grupos de veintipico trabajando desde el clown? ¿Qué daba unidad ahí?

- Creo que la unidad la daba, en principio, esta cosa de la novedad y de la posibilidad de entrar –la obligación, más que la posibilidad– de entrar en un código nuevo sin prejuicios. Al principio, era como son la mayoría de las clases de clown ahora: llegabas, entrabas, te presentabas, te sentabas en una silla con una máscara y nadie sabía de qué se trataba. Entonces todos estábamos en igualdad de condiciones. Me parece que lo que habilitaba a esa formación previa que cada uno tenía era el registro de qué funcionaba y qué no. Yo había estado durante años con esa cosa de la cuarta pared, el teatro naturalista, negar al público, y había tenido cierta experiencia ya de teatro en un cierto nivel profesional, y para mí era mala palabra cuando entraba un compañero a camarines y decía ‘¿vieron quién está en la sala?’ Y yo decía ‘pecado venial!’, ‘¿cómo osó mirar la platea?’.
-----Entonces, fue a través de ese trabajo que me reencontré con el placer que sentía de chico haciendo teatro –con el permiso para el error, con jugar con el público. Me acuerdo que una vez, de chicos, salimos a escena –era la obra ‘María y el viento’– y yo sentí que salimos bajo y dije ‘no; va de nuevo’, con el público ahí. Esos permisos que se dan los chicos, y esos permisos que se da el clown: la posibilidad de reconocer el error y poder trabajar sobre eso.
-----Y para mí eso fue un redescubrimiento, y también una manera de poner y de valorizar el cuerpo en la escena – que era algo que bastante descuidado. Había mucho trabajo sobre la vida interior de la cosa, pero nadie me proponía una forma concreta de habilitar canales para que eso se manifestara.
-----El primer curso de clown sobre todo, fue de mucho placer. Y de placer porque no era que yo me sentaba en la silla a hacer reír. Yo me senté a hacer mi trabajo de teatro naturalista, sólo que tenía una máscara encima. En esa época tenía bigotes, y la máscara me molestaba. Por eso hacía gestos y la gente empezaba a reírse. Entonces dije ‘upa, qué bueno!’ y empecé a usar eso.
-----El segundo curso de clown ya fue bastante más problemático. Ya me había dado cuenta de que la historia era hacer reír y por dónde, y entré con otra exigencia. Y me fue horrible. Estaba todo el tiempo tratando de alcanzar la zanahoria. Fue otra cosa. También fue buena, fue como el cachetazo al entusiasmo de aquel primer momento, el cachetazo que me dijo ‘pará, tenés que volver a ese lugar de humildad, de disponibilidad y de ingenuidad que es absolutamente imprescindible en el laburo’.

Esto fue en el 84.

- Sí.

Y el 85 empezaron con el Clú.

- Sí, en el 85 (a fines de año, ya en el veranito) empezamos a salir a la plaza Dorrego en San Telmo, a la plaza de San Isidro, a la de Recoleta (donde todavía no había nada).

¿Por qué las plazas?

- Porque a una plaza era fácil llevar números. Nosotros íbamos realmente a aplicar la técnica. Teníamos una estructura básica, que eran los números ensayados, y ‘alguna’ estructura que abarcaba todo ese compendio de números. Pero no tenía una forma de espectáculo. Estábamos probando, era parte de la ejercitación.
-----Y era muy grato lo que recibíamos. De entrada no sabíamos si iba a funcionar para gente grande o para chicos. Íbamos a probar. Y, por ahí, se llenaba de adultos, y venían tipos a decirnos ‘les agradezco porque a mí de chico los payasos me daban miedo y ustedes me reconciliaron con los payasos’. Claro, era un enfoque bastante distinto a lo que se conocía acá como payasos –que era el payaso que trabajaba con otras dimensiones, donde todo es mucho más grande y más efectista.

Claro: ver eso mismo, de cerca, puede producir miedo.

- Claro, todo ese maquillaje tan grande, tan expresionista... A muchos chicos ya el ver el maquillaje los asusta.

¿Te acordás del primer número que hiciste?

- Sí. Era un número que habíamos preparado en el taller de Cristina. Éramos una pareja de clowns que hacía un número de magia. Éramos un mago y un ayudante que lo presentaba – el ayudante era Hernán Gené y yo era el mago. Él me presentaba y yo entraba lanzando rayos de las manos, hipnotizando y no sé qué historia. Éramos una pareja que se llamaba Vilcapugio y Ayohuma. Y, nada, terminábamos revolcados por el piso haciendo cualquier cosa.
-----Para mí, de todas maneras, este trabajo y el trabajo en la calle eran una cosa bastante compleja y bastante difícil. A mí y a mi clown nos asustaba mucho el caos. En ese momento estaban también Cristina Martí, cuyo clown se llamaba Petarda, Walter [Batato]... En cuanto pintaba caos, aparecía Gabriel Chame –que venía de la escuela de Elizondo, realmente la vanguardia en ese momento, donde hacían cosas muy resistidas, incluso prohibidas (había que enterarse de que tal día en tal departamento de la calle Larrea había una función, y eso). Y realmente no había mucho más, es decir, grupos que tuvieran alguna propuesta particular de teatro. Todo lo demás estaba absolutamente instalado en la media, en lo correcto. Y no lo digo porque crea que debía existir necesariamente una voluntad de trangresión, pero generalmente, cuando uno intenta de veras expresarse a sí mismo, hay cosas que transgreden la norma general. Porque hay cosas de uno que son molestas para los demás, y las normas se establecen justamente para intentar molestar menos. Entonces, en ese momento era muy difícil encontrar cosas que pusieran el status quo en tela de juicio.

Y para vos ¿eso está ligado al contexto histórico?

- Absolutamente.

Digo, ¿está ligado también a una posición frente al poder?

- Sí. Y lo que se había hecho también – y esto lo digo sin ningún ánimo peyorativo – era todo el movimiento del Teatro Abierto, que había sido previo a todo esto, que también tenía un enemigo muy focalizado. Todos sabíamos muy bien hacia dónde apuntar la cosa, y eso respondía mucho más a la voluntad de expresión de una cultura que estaba intentando emerger que a una búsqueda individual o grupal. Era algo en lo que todos estábamos de acuerdo, y ya aparecía el comienzo de un momento de transición donde, si bien todavía seguía siendo muy difícil, todos sabíamos que era correcto.

El problema surge cuando cae el enemigo, ¿no?

- Claro. El tema es ése. Y creo que eso fue lo rico de ese momento: cayó ese monstruo, ese padre dictatorial terrible, y entonces, bueno, ‘a ver ahora qué cosa realmente te gusta y te interesa’. Entonces fue un momento de mucha ebullición. Ya después con el Parakultural también, y con Cemento. Fue todo un momento, hasta los noventa, muy fuerte.

Y el Clú constituyó toda una etapa. ¿Vos del club te fuiste cuando surgió lo de M Butterfly?

- En realidad no me fui del club. Yo decidí en ese momento no trabajar en un espectáculo... En realidad fue así: era un momento crítico en el grupo, y a mí me surgió la posibilidad de trabajar en ese espectáculo. Yo lo tomo, porque con el grupo no sabíamos muy bien qué íbamos a hacer. Una vez que tomé esa decisión, recibimos de la Embajada de Francia la invitación para trabajar con un maestro y director francés. Yo ya me había comprometido, así que me bajé de ese espectáculo. Pero no había habido antes una decisión de dejar el grupo.

¿Por qué estaban en un momento crítico?

- Y... fueron siete años. Me parece que es un ciclo natural – según dicen las malas lenguas, que a los siete años comienza la comezón. Al prinipio sí existía ese entusiasmo con la novedad del trabajo de clown, con ese nuevo código, ese nuevo lenguaje. Pero también es un lenguaje que exige ir desarrollando paralelamente otras actividades, otros canales de expresión. El clown, para mí, te coloca en ese límite entre lo que vos sabés hacer y lo que no sabés hacer. Entonces es estar trabajando todo el tiempo en esa cuerda floja, en esa frontera.
-----Y yo entiendo que para un artista es importante ir siempre expandiendo esa frontera y hacer algo un poco más allá. Y cuando hablo de habilidad, hablo de todo aquello que puede servir para que uno se exprese de una manera más clara y más abarcativa – no necesariamente me tengo que dedicar a hacer malabares o a tocar un instrumento. Lo que tengo que hacer es alcanzar un lenguaje más universal.

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19 junio 2006

Noticia vieja

Si alguien no lo vio, dese una vuelta por www.ficlownbaret.com.

05 junio 2006

Angelelli - 1

La situación de Guillermo Angelelli en el universo del clown actual es, por lo menos, curiosa. Su clown, llamado Cucumelo, no sale a escena desde hace mucho y hoy sólo se lo puede ver en videos y fotos del cada vez más mítico Clú del Claun. Sus trabajos personales (Xibalbá, por ejemplo, o Asterión), aunque poseen elementos de clown, navegan otras aguas, más afines al teatro antropológico que al clown. Sus trabajos por encargo tampoco renuncian al temprano aprendizaje con Cucumelo, y en ocasiones se ve surgir al clown como una energía o un estado preciso (tal el caso de su actuación en la obra de Brecht), pero no en ningún caso se trata del género puro. Por su trayectoria y seriedad, Angelelli es, se sabe, un referente indiscutido en la formación de actores. Una línea con su nombre en el curriculum no es cosa baladí. Uno de los ejes de su actividad pedagógica lo constituye, precisamente, el clown. Una situación, por lo menos, curiosa.
-----Este mes reproducimos la entrevista que le hicimos en algún helado momento del 2003. Aquí va la primera entrega. Otras entrevistas a Angelelli, pero no focalizadas en el clown, pueden leerse
aquí y aquí.

¿Cuándo y cómo empezaste con el clown?

- En el 85 empezamos a trabajar en las plazas, porque a fines del 84 empezamos a estudiar con Cristina [Moreira], y los primeros números que ensayamos ahí fueron lo que primero representamos. Ni siquiera hicimos como se hace generalmente ahora, que es terminar un curso de clown preparando un número: sólo rescatábamos ejercicios que habían resultado dentro del curso y los llevábamos afuera, a las plazas. Para mí era un incordio... para mí y para todos. Quien lo tomaba de una manera más natural en ese momento era Gabriel Chame. Y Batato, que hacía ya su historia y que fue el primero que empezó a trabajar con Cristina y empezó a diseminar toda esta historia del entusiasmo por el clown y el laburo de la Moreira.

¿Cómo te vinculaste al grupo de Cristina?

- Por él, por Batato. En el 83, cuando terminé el Conservatorio, me metí en una obra, Romeo y Julieta, que dirigía Sarah Quiroga, y también estaba ahí Walter – en ese momento era Walter, todavía – como parte del elenco. Y nos fuimos haciendo amigos. Y me pasó el dato de que había una mujer, actriz, que había estado viviendo un tiempo en París, y que estaba con esta cosa de la escuela de Lecoq, muy involucrada con los géneros puros y entusiasmada en particular con el clown. Y dije: ‘bueno, vamos a ver’.
-----Y para mí, que después del Conservatorio había elegido como trabajo actoral la formación con Gandolfo, encontrarme con el trabajo del clown fue encontrarme con una novedad absoluta. Y una novedad muy grata, placentera, porque durante toda la época del Conservatorio, hab{ia tenido la sensación de que de alguna manera la había pifiado. Me había quedado un muy grato recuerdo del teatro de cuando era chico, pero veía que no se trataba de eso, que era algo bastante más... aburrido.

¿Y por qué fuiste al Conservatorio?

- Fui porque había hecho mucho teatro cuando era chico, desde la escuela primaria. Tuve la suerte de ir a una escuela que tenía Teatro como materia extracurricular, o sea que, más allá de las fiestas patrias y todo eso, se hacían montajes (los sábados a la mañana, por ejemplo). Mi colegio trabajaba con una fundación católica, por lo que venían chicos de orfanatos o de escuelas muy pobres. Como veían las funciones, el trabajo actoral era bastante asiduo –por ahí pasábamos dos o tres meses todas las mañanas de sábado preparando una obra. Y para mí eso era gratísimo y muy divertido. Las clases de teatro es lo que más recuerdo de la escuela primaria. Además, me daban la posibilidad de zafar de las clases de inglés.

¿Y tenías éxito?

- Sí. A tal punto que, después, cuando entré en la escuela secundaria, era el único que seguía las clases de teatro; todos los demás eran de la primaria, lo cual me produjo un ataque de timidez y me dije ‘pará un poco de hacer papelones’, y paré. No tenía tampoco la oportunidad de estudiar teatro en un curso privado. En realidad, en un primer momento pensaba terminar el secundario y hacer Medicina, Psiquiatría después. Llegué a hacer los ingresos para Medicina, y tuve la suerte en un momento de ‘iluminarme’ con la ayuda de quien era el marido de mi vieja. Él me indujo a tomar mi propia decisión. Me dijo: ‘sé quien tengas ganas de ser’. Y yo me dije ‘bueno, teatro’.

Y de ahí, al Conservatorio.

- Al Conservatorio, que era la posibilidad que tenía. Que fue bueno, sobre todo porque tuve la suerte de entrar. En ese momento había toda una reglamentación muy extraña – y esto es muy interesante para ver cómo se vivía la historia del teatro, que creo que no era tanto una respuesta en contra del teatro serio sino de todo un sistema cultural que estaba montado en ese momento. En el Conservatorio, por ejemplo, en primer año, no hubo calificaciones mayores de 7 en Actuación, porque consideraban que si uno sacaba un 10 ya era actor. Aparte de la cosa bastante boba de tener una calificación numérica dentro de un proceso artístico, algo que todavía permanece, esto otro: que no se consideraba la evolución personal dentro de un proceso.
-----Pero, por suerte, dentro del Conservatorio había algunos profesores que eran directores y que hacían también obras de manera extracurricular – porque hay que agregar que, si estabas en primero o segundo año, no podías hacer obras dentro del Conservatorio.

¿Quiénes?

- Uno es Miguel Clenta, que sigue siendo profesor del Conservatorio. Él hizo una adaptación de obras para títeres de Javier Villafañe; hizo una adaptación para chicos con interacción de títeres y actores, que fue muy lindo. También Manuel Macarini, un tucumano, que hizo una puesta de Los casos de Juan de Canal Feijoo cuando yo estaba en segundo año. Yo estaba haciendo la conscripción al mismo tiempo que el segundo año: a las cinco de la mañana entraba al Estado Mayor Conjunto, salía a las seis de la tarde y entraba en el Conservatorio. Ahora no entiendo cómo tenía tiempo para ensayar una obra. En ese momento existían los viajes a la frontera: se llevaban obras a los pueblos y nosotros fuimos con la obra de Macarini (Los casos de Juan) y un grupito aparte llevamos también esa obra infantil que habíamos laburado con Clenta. De alguna manera fue la primera experiencia de teatro independiente, eso de llegar a Formosa y montar toda una historia teatral en gimnasios, o hacer representaciones al aire libre para tobas que nunca habían visto teatro.
-----Y, con estas cosas, creo que yo iba paliando un poco las falencias que había dentro del Conservatorio, en la cursada de materias. Despotricábamos muchísimo contra las materias teóricas – como se sigue haciendo aún hoy; pero creo que eso es lo que más rescato ahora de la cursada en el Conservatorio.

¿Lo que más rescatás de esas cursadas son las materias teóricas?

- Sí. Porque, si no las hubiera hecho, habría cosas con las que me hubiera llevado mucho tiempo entrar en contacto. Leer Esquilo, por ejemplo; no sé si lo hubiera leído por cuenta propia hasta pasado mucho tiempo. En ese momento era una especie de peso.
-----También tuve la suerte de que me tocaran, en las materias teóricas, buenos profesores, como Graciela Fernández Toledo – que está ahora en Artes Combinadas. Ella tenía una visión enfrentada a la tendencia que, por ejemplo, seguíamos en Historia del Arte: una visión fenomenológica del desarrollo y la aparición de las diferentes estéticas en la historia, que era muy interesante, como también lo era la pasión que ella ponía para enseñar, porque siempre es raro encontrarse a un intelectual con su formación que realmente se sienta apasionado por lo que dice. Recuerdo, por ejemplo, alguna clase en la que estaba hablando de sufismo cuando de repente se cortó la luz en el Conservatorio; ella terminó contando un cuento sufí a la luz de las velas. Y todo eso, para darnos una idea de la cultura de Oriente y Medio Oriente y mostrarnos cómo cobraba forma esa cultura dentro del arte.
-----Entonces, todo esto era muy interesante. Y hubo formas, algunas prácticas rítmicas que, pasado el tiempo, valoré muchísimo. En su momento ya valoraba la idea dede tomar contacto con el teatro desde lo rítmico, y de ver qué es lo que pasa con el cuerpo cuando entraba en contacto con estos estímulos rítmicos. Sabía que esto era invención de un señor llamado Jean Dalcros, y después, con el tiempo, me enteré de la importancia del trabajo de Dalcros junto con otros, y de toda la renovación en el teatro y en la danza que dio nacimiento a un tipo de teatro moderno, ya mucho más conectándose con toda la cosa de Meyerhold, con toda una concepción del trabajo del actor desde la acción.
-----Otra materia, muy reveladora, fue Técnica Corporal. Fue como tratar de poner el cuerpo, de una manera muy sistemática, pero encauzando la expresión dentro de una metodología relacionada con la acción. Porque lo que más me desalentaba del otro trabajo, que tenía que ver más con la cosa estanislasquiana, era que la actuación estaba fundada sobre una cosa absolutamente psicologista: todo se tomaba de una manera bastante abstracta – y aparte era para gente muy joven; cuando uno recién empieza a entender algunos mecanismos inconscientes, empezar a entrar en contacto desde ahí con un método que, según lo presentaban, estaba absolutamente basado en lo psicológico, era muy muy difícil. Preparábamos improvisaciones para las que se hacían listas de páginas, de circunstancias que había que tener en cuenta para llegar a la improvisación. O sea, teníamos el objetivo, la motivación que te llevaba a la concreción de ese objetivo, y, después, toda una lista de circunstancias – cómo te habías conocido con otra persona, cuáles eran los gustos del otro, qué era lo que calzaba, qué pasaba con tus padres, tus primos, etc. Y era llegar a la improvisación con una cantidad tal de datos mentales, que en mí eso funcionaba más bloqueándome que habilitándome. Era como tener que estar con la cabeza absolutamente presente todo el tiempo. Y a esto se le suma que cada año teníamos un profesor distinto, con lo cual había que empezar de nuevo – porque hay que tener en cuenta que no había una lectura de Stanislavsky única. Y es que, cuando uno lee Stanislavsky, lee las ideas de este tipo, y no sé si eso era la manera en que el tipo las transmitía a los actores. Y todo eso estaba dentro de un complejo de formación actoral en el que todas las materias estaban absolutamente entrelazadas; en el Conservatorio, si bien había muchas materias prácticas, cada una era independiente del resto. Entonces, era muy complicado.
-----Terminé el Conservatorio y empecé a estudiar con Gandolfo. En ese momento había muy poco trabajo corporal; el trabajo corporal se reducía al trabajo de relajación, y el trabajo de relajación lamentablemente... Creo que depende de los grupos éso. El trabajo de relajación parecía que era el vehículo para llegar a la emoción, y la emoción era inalterablemente el llanto. Tenía la impresión de que la cosa era ‘vamos a aprender a llorar’. No eras un buen actor si no te caían lágrimas de los ojos.
-----Entonces, era tardes en las que estábamos sentados y se escuchaban gemidos, suspiros... Era una tortura, realmente. Y fue en ese momento que con Walter... Yo, después de haber hecho ese trabajo de Romeo y Julieta, entré a trabajar en una comedia de Pepe Cibrian, Calígula. Y le pasé el dato a él. Necesitaban un asistente, así que él entró a trabajar como asistente. Y ahí me pasó el dato de Cristina, mientras yo estaba cursando el segundo año con Gandolfo.
-----Y entramos a los cursos de clown – un compañero de conservatorio, Gastón Carvallo, también iba con nosotros a los cursos. Éramos como un trío de amigos en ese momento, estábamos muy juntos, muy pegados.

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